Una muestra de sabiduría financiera

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Una muestra de sabiduría financiera

De un antiguo mentor aprendí que ir a la fuente original de las cosas es fundamental para tener mi propia opinión de cómo funciona el sistema financiero. Además aprendí a desconfiar de la información proporcionada por los medios tradicionales.

Aún recuerdo con especial afecto el módulo de renta variable que realicé en mi postgrado de inversiones y mercados financieros en la Universidad de Chile, hace unos años.

En la primera clase, para llamar nuestra atención, el profesor Arenas con un didáctico sistema de enseñanza nos hacía subastar papeles como si fueran acciones de empresas.

Había dos grupos, en un lado estaban los vendedores y en otros los compradores.

A cada grupo les entregaba pequeños fragmentos de información financiera de la empresa, para luego negociar con la contraparte el mejor precio posible de acuerdo a los datos entregados.

Esta fue una entretenida forma de acercarnos a una rueda de venta de acciones, como se hacía antiguamente, donde el precio de los papales se peleaba a gritos y codazos. ¡Adrenalina pura!

Siguiendo con esta dinámica, en la mitad del curso el profesor Arenas nos propuso una nueva actividad: estimar el valor de una empresa incógnita.

El juego de los sobres

Para valorizar a la empresa nos entregaba dos sobres, uno llamado racional y el otro emocional.

Primero comenzamos con el sobre racional. Recuerdo que el primer papel que un compañero sacó decía que la empresa había ganado casi US$ 3.100 millones en los últimos diez años.

Entonces una compañera comentó que el valor de la empresa podría ser de US$ 3.100 millones.

Después otro compañero sacó un papel que decía que la empresa tenía un patrimonio de US$ 2.050 millones.

Mi compañero dijo que ese es el valor mínimo que la empresa debiera costar, considerando que su valor libro (patrimonio) debe estar en torno a su valor histórico.

Recuerdo que discutimos si ese “valor mínimo” se aplicaría a una empresa que pudiera perder US$ 1.000 millones por malos negocios. Obviamente no. Concluimos, y llegamos al acuerdo de que si la empresa no pierde esa cantidad de plata, los US$ 2.050 millones eran un buen piso para valorizar a la empresa.

Siguieron saliendo otros datos del sobre racional, como que en los primeros nueves meses de 2013 tuvo utilidades de US$ 230 millones, o que cuenta con activos fijos por US$ 3.600 millones.

Una vez que todos los sobres fueron abiertos, discutimos por varios minutos llegando a la conclusión de que la empresa debía valer entre US$ 2.050 millones y US$ 3.200 millones.

Al profesor le pareció razonable el rango, así que nos pasó el segundo sobre, el emocional, para continuar valorando a la compañía. Claro que esta vez nos encontramos con sorpresas no gratas.

Este sobre tenía una clase muy diferente de papeles con cosas del tipo:

  • “Las tres mayores empresas de esta industria perdieron unos US$ 20.000 millones en 2013”
  • “El producto que vende esta empresa costaba US$ 180 en 2011 y hoy vale US$ 50”
  • “La mayoría de las corredoras de Bolsa recomienda vender la acción y todas la califican de alto riesgo”
  • “Hay analistas que consideran que la empresa no podrá cumplir sus covenants financieros y que va a necesitar un aumento de capital”

Con estos datos discutimos arduamente, especialmente respecto a si era bueno o malo para nuestra empresa que el resto de las industria donde pertenecía perdiera tanto dinero o cómo estas noticias afectaban el valor de la compañía.

Al final, después de sacar todos los papeles del sobre emocional, fue que decidimos bajar nuestro piso y valorar a la compañía en entre US$ 1.000 millones y US$ 2.000 millones.

Terminada la evaluación nuestro profesor, que sabía el valor exacto de la empresa, nos sorprendió a todos cuando nos dijo que esta compañia la podíamos comprar en la Bolsa por menos de US$ 400 millones.

¡Una ganga!

O sea, pagar la mitad del precio mínimo que estábamos dispuestos a dar por ella. A todas luces era un muy buen negocio. También nos dimos cuenta de que el segundo sobre, el emocional, se había impuesto entre los inversionistas e incluso entre nosotros.

Para terminar la actividad, el profesor nos sorprendió cuando nos dijo que nosotros conocíamos bien la empresa. Se trataba de CAP, la productora de hierro y acero.

Lo mejor de todo fue que días después de la clase salieron los resultados anuales de CAP.

Estos confirmaron lo que habíamos debatido: La empresa tuvo utilidades de US$ 297 millones en 2013 y pudo reducir su deuda neta (no aumentarla) desde US$ 922 millones a US$ 811 millones.

Con esto nos dimos cuenta que nos encontrábamos con una excelente oportunidad de compra de CAP a precio de liquidación… ¡menos de un cuarto de su valor libro (patrimonio)!

Desde ese análisis de CAP ¿cómo están las cosas ahora?

Si revisamos el sobre uno, el racional, nos da información financiera que nos dice que al término del primer trimestre de 2017, los Ingresos (ventas) y EBITDA del grupo CAP alcanzaron US$ 494 millones y US$ 175 millones, representando aumentos de 54,0% y 168,4% en relación con los US$ 321 millones y US$ 65 millones obtenidos durante el primer trimestre de 2016.

En cambio el sobre dos, el emocional, nos dice que el precio del hierro se cae a US$ 50 por tonelada métrica y que la empresa comenzará nuevamente a sufrir.

Así que ¿con qué sobre te quedarías tú?

Como moraleja, el profesor nos dijo que ante todo, para tomar decisiones de compra, prefiramos el sobre uno, el “racional”, el de los resultados de la compañía, ya que la mayoría de los inversionistas se dejan llevar por el sobre dos, el que proporcionan los medios de comunicación, y que está dado sólo en base a expectativas y poco en el valor real de los números de la compañía.

Si no me crees, pregúntale a alguien que haya invertido en CAP hace un año. Hasta esta fecha ya tiene un retorno de 196%.

Saludos,

Cesar Valencia

Para el Reporte Diario.

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Acerca del Autor

Cesar Valencia

Las oportunidades de inversión abundan en la Bolsa chilena y puedes llegar a ahogarte entre tantas. César Valencia, analista senior de IG Chile, te guía por las turbulentas aguas de los mercados de capitales para que escojas un portafolio acorde a tus necesidades de ganancias y objetivos.

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