No seas víctima de un nuevo Rafael Garay

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Estamos a la espera que el “economista de la gente”, el que hablaba en fácil temas áridos como la economía y las finanzas, vuelva al país y dé la cara. Aunque ahora se le acuse de estafador, él no es el único responsable.

Por Cesar Valencia, analista senior IG Chile

Si bien afirmar que Rafael Garay no es el gran culpable de la estafa puede sonar fuerte e incluso no correcto, pero es una gran verdad.

Entonces ¿de quién es la culpa?, ni más ni menos, que de las mismas personas. Esto porque son ellas quienes toman las decisiones de inversión. Pero ¿a qué se debe esta situación?

En Chile las personas siempre buscan en quien confiar, y una vez que lo hacen, creen ciegamente en él o ella. Esto los lleva a nublar su pensamiento y raciocinio, dejando de lado cosas fundamentales como la verificación de la información que reciben.

Ya vimos esta situación en marzo, cuando explotó el caso AC Inversions.

Nosotros que trabajamos hace años en la industria financiera nunca habíamos escuchado hablar de esta empresa, solo hasta que se destapó el fraude y lo que descubrimos fue impresionante.

De partida, los dueños no eran conocidos en el medio, invertían en instrumentos no tradicionales, su página web no tenía suficiente información y lo más increíble de todo es que podían pagar hasta un 80% de rentabilidad anual garantizada libre de riesgo.

Era un negocio de maravilla porque superaban con creces la rentabilidad anual de la banca tradicional.

Si se analiza el por qué el negocio funcionaba, era simplemente por la confianza, de quienes recibían el depósito mes a mes en la fecha indicada, lo que llevaba a algunas personas a invertir más dinero y a otras sumarse al “negocio del año”.

Las personas no chequearon la información de la compañía, quién era su dueño ni como invirtió. Finalmente, la empresa era un esquema piramidal que explotó cuando una gran cantidad de personas abandonaron la firma, generando que se derrumbara todo.

Aquí claramente la responsabilidad de las personas es clara, por sólo conformarse con el pago que recibían sin verificar a fondo toda la información de las transacciones.

El caso de Garay es similar, con la salvedad de que él era una persona conocida, cosa que supo utilizar muy bien para atraer inversionistas a su negocio.

La lógica de las personas funcionó de la misma forma que con AC Inversions, e incluso acá era más difícil detectar un fraude, porque Garay aparecía en todo los medios.

Fue candidato a senador, trabajó en una empresa popular como lo es Felices y Forrados, era invitado a matinales y programas televisivos y fue panelista estable de un programa radial de economía y finanzas. Con todo esto sólo se consolidó como el “economista del pueblo”, quien era capaz de explicar en sencillo qué era la “formación bruta de capital fijo”, por ejemplo.

Pero las personas nuevamente se equivocaron, como en el caso de las empresas acusadas de estafas en marzo.

La gente confió en su figura sin verificar la información del negocio que realizaba.

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¿Ustedes sabían que hacía la empresa de Rafael Garay?

La empresa de Garay, Think&Co, que según describía su extinta página web, se dedicaba a materializar inversiones a través de un fondo de inversión propio, prometiendo una rentabilidad mínima anual de un 18% nominal anual en pesos, libre de impuestos y antes de comisión.

Para lograr esta maravilla, Garay cobraba a través de la empresa una rentabilidad anual del 7% sobre las utilidades acumuladas en el periodo.

El dinero de los inversionistas era invertidos en empresas en el extranjero relacionadas con tecnologías y fuentes no contaminantes.

Lo anterior ocurría a través de las supuestas oficinas ubicadas en Hong Kong, Malasia, entre otros países de Asía y Europa. Además decía estar regulada por la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS).

Verificando esta información, en primer lugar nunca se supo cuáles eran esas empresas donde iba el dinero, ya que según él, eran pequeñas pero con gran potencial de crecimiento.

Segundo, prometía una rentabilidad anual de 18% garantizada sin riesgo y a todo evento, esto es lo mismo que la estafa de AC Inversions, cosa que el mismo Garay criticó fuertemente a través de los medios.

Tercero, no figuraba un registro de su fondo en la SVS, y cuarto, otra inversión que realizaba era en Boursecoin, una moneda virtual que era utilizaba como medio de cobertura para poder minimizar el riesgo de tipo de cambio y a la vez no pagar impuestos por concepto de ganancias. Este tipo de inversión tampoco está regulada por la SVS.

Todos estos ítems no fueron verificados por las personas para asegurarse de la veracidad del negocio, dejándose encandilar solo por su figura carismática y conocida. Además de confiarse porque pagaba religiosamente todos los meses la rentabilidad comprometida.

Entonces, para él fue fácil reunir todo este dinero y luego irse del país.

Si estos antecedentes no fueron verificados, ¿De quién es la responsabilidad de la estafa?

En primer lugar, del mismo Rafael Garay que sin escrúpulos utilizó su imagen para estafar a personas incautas, y en segundo, principalmente de las mismas personas que no fueron diligentes en verificar la información entregada.

Ahora queda esperar su extradición para conocer la forma en que será procesado, y lo más importante, si las personas pueden ser reparadas de este prejuicio, o si definitivamente perdieron todo su dinero.

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Inversor Global

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